– ¿Sarah está bien?

– No, no lo está. -Apartó la mirada por un momento y después la volvió a fijar en Freddie. No había otra forma de decirlo-. Sarah… ha perdido el niño esta mañana; ahora se encuentra en el hospital Lenox Hill. Su madre está con ella.

– ¿Que lo ha perdido? -preguntó sorprendido. Por un momento experimentó una sensación de alivio, pero esperaba estar lo bastante sobrio como para poder disimular-. Siento oírte decir eso. -Hablaba como si no se tratara de su mujer y su hijo-. ¿Cómo está ella?

– Creo que podrá tener más hijos. Lo que aparentemente no va tan bien, sin embargo, es eso que me ha contado mi esposa de que la relación entre vosotros dos podría calificarse de algo menos que idílica. No suelo interferir en la vida privada de mis hijas, pero en estas circunstancias tan anómalas, con Sarah tan…, tan… enferma, me parece el momento más oportuno para discutir el tema. Me ha dicho mi esposa que Sarah ha tenido ataques de histeria durante toda la tarde, y me ha parecido bastante extraño que desde esta mañana temprano nadie haya podido localizarte. No creo que ésta sea vida para mi hija, ni para ti tampoco. ¿Hay algo ahora que debamos saber, o te ves capaz de continuar tu matrimonio con mi hija con el mismo ánimo con que lo iniciaste?

– Yo…, desde luego…, ¿le apetece tomar algo, señor Thompson?

Se dirigió con premura al lugar donde guardaban los licores y se sirvió una copa larga de whisky, con apenas un chorrito de agua.

– Me parece que no.

Edward Thompson se sentó expectante, mientras observaba a su yerno con desagrado. Freddie sabía que aquel hombre seguramente no encontraría satisfactorias ninguna de las respuestas que se le iban pasando por la cabeza.

– ¿Hay algún problema que te impida comportarte como un marido de verdad?

– Bueno…, señor…, el caso es que lo del niño fue un tanto inesperado.



20 из 498