
– Muy divertido, Jesse.
La pequeña mocosa se rió. Jess colgó el teléfono con un atronador golpe, muriéndose de ganas por sacudirla. Pensar en ella, tan frágil y sin protección, cerca de los almacenes, en una de las peores partes de la ciudad, le asustaba muchísimo.
Saber colgó y se apoyó débilmente contra la pared de la cabina telefónica, cerrando momentáneamente los ojos. Temblaba tan fuerte que apenas podía mantenerse de pie. Le llevó un esfuerzo separar sus dedos, uno a uno, del aparato receptor. Odiaba la oscuridad, los demonios acechaban en las sombras, la forma en que el negro de la noche podía convertir a personas en animales salvajes. Su trabajo en la emisora de radio, el trabajo con el que ella estaba en deuda con Jess, no podía haberle convenido mejor, porque podía mantenerse levantada toda la noche.
Y esta noche, su primera noche libre en años, tuvo que malgastarla con Larry el Piojoso. Acababa de abandonar su culo en la peor zona de la ciudad que pudo encontrar, no es que no pudiese cuidar de sí misma, y ese era el problema. Siempre sería el problema. Ella no era normal. Debería tener miedo de lo que acechaba por la noche, no de dañar a alguien.
Suspiró. No tenía idea del por qué había salido con Larry en absoluto. Ni siquiera le gustaba él o su aliento apestoso. La verdad era, que no le gustaba ninguno de los hombres con quien se citaba, pero quería gustarles a ellos, quería ser atraída por ellos.
Se hundió en la pequeña cabina, atrayendo las rodillas hacía su pecho. Jesse vendría por ella, lo sabía. Era tan cierto como la absurda historia de Jess sobre necesitar que alguien alquilara el apartamento del piso superior, o cómo que era tan barato porque necesitaba que alguien le hiciera los trabajos livianos de la casa.
El lugar era un palacio en lo que respectaba a Saber. Los anchos espacios abiertos se mantenían inmaculadamente limpios. El piso superior no era un apartamento, nunca había sido un apartamento. El segundo cuarto de baño del piso superior se había agregado después de que ella hubiera llegado a la casa. La enorme y bien equipada sala de pesas, adecuadamente equipada y la piscina de tamaño grander era una tentación añadida y él le había dicho que podía usarla cuando quisiera.
