
Una vez en la casa, fue directamente a través de la oscura sala de estar. Su mano enredada en su pelo, sus dedos masajeando su cuero cabelludo, aliviando la tensión.
– ¿Así que enfrentarte a mí es preferible a dormir con ese holgazán, hmm? – Bromeó amablemente.
Giró su cara hasta él.
– Nunca me acostaría con alguien de quien no estuviera enamorada. -Y no lo estaba.
iba a vivir su vida en la medida de su capacidad. Iba a hacer amigos, tener causas, saber qué era la diversión. Y al diablo con todo, una sola vez, sólo una vez, ella iba a saber lo que era el amor real. Cuando llegara el momento le iba a dar a ese hombre su cuerpo, porque no tendría otra cosa para darle.
– Nunca me contaste todo eso. Quieres decir que todos esos idiotas con quienes has salido…
Ella se puso derecha abruptamente, habría saltado de su regazo, pero sus brazos subieron a la altura de delgada cintura, eficazmente manteniéndola prisionera. Le miró, furiosa.
– ¿Es eso lo que has estados pensando de mí todo este tiempo? -Exigió-. ¿Crees que me acuesto con cualquiera?
Lágrimas reales chispearon en los ojos de ella, tirando de su corazón.
– Claro que no, cara de ángel.
– Eres tan mentiroso, Jess -se apartó de un empujón de la solidez de su pecho otra vez-. Suéltame. Lo digo en serio. Ahora mismo.
– No así, Saber. Nunca hemos tenido una pelea antes y no quiero comenzar ahora.
