Normalmente, Jess prefería su silla ligera. Él la propulsaba manualmente, manipulándola sin dificultad, le gustaba el ejercicio, el control, la libertad para moverse. Pero por el momento, estaba agradecido a la gran silla eléctrica, más pesada. Dejaba sus brazos libres para acunar a Saber contra de él. Parecía un poco perdida esta noche, muy vulnerable, y raramente le mostraba ese lado de ella. Saber prefería el humor para cualquier otra cosa y lo usaba a menudo como una barrera entre ella y el resto de mundo.

Una vez en la casa, fue directamente a través de la oscura sala de estar. Su mano enredada en su pelo, sus dedos masajeando su cuero cabelludo, aliviando la tensión.

– ¿Así que enfrentarte a mí es preferible a dormir con ese holgazán, hmm? – Bromeó amablemente.

Giró su cara hasta él.

– Nunca me acostaría con alguien de quien no estuviera enamorada. -Y no lo estaba.

iba a vivir su vida en la medida de su capacidad. Iba a hacer amigos, tener causas, saber qué era la diversión. Y al diablo con todo, una sola vez, sólo una vez, ella iba a saber lo que era el amor real. Cuando llegara el momento le iba a dar a ese hombre su cuerpo, porque no tendría otra cosa para darle.

– Nunca me contaste todo eso. Quieres decir que todos esos idiotas con quienes has salido…

Ella se puso derecha abruptamente, habría saltado de su regazo, pero sus brazos subieron a la altura de delgada cintura, eficazmente manteniéndola prisionera. Le miró, furiosa.

– ¿Es eso lo que has estados pensando de mí todo este tiempo? -Exigió-. ¿Crees que me acuesto con cualquiera?

Lágrimas reales chispearon en los ojos de ella, tirando de su corazón.

– Claro que no, cara de ángel.

– Eres tan mentiroso, Jess -se apartó de un empujón de la solidez de su pecho otra vez-. Suéltame. Lo digo en serio. Ahora mismo.

– No así, Saber. Nunca hemos tenido una pelea antes y no quiero comenzar ahora.



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