Durante un momento se quedó tiesa, alejándose de él, pero no podía permanecer enojada con Jess. Con un pequeño suspiro, Saber se recostó contra él, la tensión se redujo drásticamente. Sus brazos eran el único lugar en el que se sentía segura. La oscuridad estaba alrededor, esperándola, observándola. Casi la podía oír respirando, esperando que subiera las escaleras para ir a su solitaria habitación.

No podía recordar claramente la primera vez que Jess la había colocado sobre su regazo, probablemente después de una de sus vergonzosas carreras, pero siempre era lo mismo. Al momento en que sus brazos se cerraban alrededor, ella se sentía como si nunca quisiera marcharse.

Tal vez por esa razón había permitido que sus relaciones fueran más lejos. Eso era el motivo por el que se había quedado demasiado tiempo y corrido demasiados riesgos. No podía soportar la idea de estar lejos de él, y el hecho la hacía simplemente estúpida.

– ¿Entonces, vas a esconderte de mí o vas a aceptar mis disculpas? -Su barbilla frotó la parte superior de su pelo.

– Si esa es la manera en que te disculpas -inhaló por la nariz indignadamente-. No estoy segura de que vaya a perdonarte. No me gusta lo que piensas de mí.

– Te admiro muchísimo, y lo sabes -él tiró de un rizo particularmente intrigante-. ¿Es, “lo siento”, bastante bueno?

– Espero que nunca lleguemos a una pelea realmente seria -Saber le golpeó en la mano, pero estaba más irritada con ella misma que con él. Podría quedarse donde estaba para siempre, sólo impregnándose de él, sintiendo los músculos de su cuerpo y el calor propagándose a través de ella con un fastuoso calor que nunca había conocido antes.

Él se rió suavemente, el sonido se deslizó por su columna vertebral como el toque fresco de sus dedos.

Instantáneamente Saber levantó la cabeza, horrorizada con las perturbadoras sensaciones de su cuerpo.

– Mejor será que me vaya arriba, Jesse, y te permita dormir un poco.



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