Luego pudo ver a la pareja acariciándose, el hombre luchando por agarrarse de su chica y el cigarrillo. La mayor parte de la tensión se escapó de su cuerpo. Por supuesto. Éste era un perfecto lugar de estacionamiento, un callejón sin salida por carretera.

Diez meses atrás, Saber había seguido esa misma carretera pensando que evitaría personas. En realidad había acampado en la propiedad de Jess durante unos pocos días antes de que hiciera tanto frío que estaba segura de que se congelaría. Eso fue antes de que él hubiera instalado las puertas de seguridad y la alta e impresionante cerca.

¿Había hecho eso por ella, porque esos dos primeros meses estaba casi siempre nerviosa, antes de que Jess la hubiera hecho sentirse como si pudiera mantenerla segura de todo el mundo? ¿O existía alguna razón para que él tuviera la necesidad de seguridad?

Saber suspiró mientras dejaba caer la cortina de nuevo a su lugar. ¿Veía Jess mucho más de lo que debería? ¿Era él consciente de que todas sus travesuras alocadas y su bravata, eran realmente miedo todo el tiempo?

Cuidadosamente, se desprendió de sus vaqueros negros y de su pálida blusa color lima, atavío perfecto para unos de los agujeros para cenar preferidos por Larry.

– Cien dólares -inhaló por la nariz indignantemente, en voz alta-. Es tan mentiroso. La comida no costó más que una lata de comida del perro. ¿Con quién piensa que estaba tratando?

Se puso encima su traje de baño de una sola pieza color gris marengo y salmón. Se ajustaba a sus pechos, haciendo énfasis sobre la estrecha caja torácica y pequeña cintura, la envolvía con un gran alto corte francés sobre sus pequeñas caderas. Saber pasó una mano a través de la gruesa masa de rizos negros azabache, pero cuidadosamente evitó mirarse al espejo. Precipitadamente se vistió con una camisa playera, cogió una toalla, y se apresuró a bajar las escaleras para reunirse con Jess.



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