La piscina interior estaba tibia y tantadora, la escasa luz, proyectaba intrigantes sombras en las paredes embaldosadas. Un mosaico de árboles con brillantes hojas de plata se extendían hasta el techo, entremezclados con las baldosas frescas verdes. Desde la puerta, Saber saludó a Jess y lo miró mientras se deslizaba silenciosamente en el agua, los músculos de sus pectorales sobresalían con fuerza. Su piel brillaba con una tonalidad bronce intenso, el vello oscuro se enredaba sobre los fuertes músculos del pecho y se delineaba hacia abajo por su abdomen para desaparecer en el bañador azul.

Definitivamente tenía un buen cuerpo. Ella lo miraba a menudo fijamente, aunque tratara de no hacerlo, por lo que acabó memorizando cada uno de sus músculos. Cuando él se movía, lo hacía con total gracia. Siempre estaba alerta y preparado, incluso cuando estaba descansando, a diferencia de ella. Ella era inquieta, siempre en movimiento, siempre cautelosa de permanecer en algún sitio.

Su aliento quedó atrapado en la garganta, mientras le observada deslizarse por el agua. Le recordó a un elegante depredador, poderoso, silencioso, mortal, moviéndose con engañosa pereza, cortando el agua.

Saber no podía apartar los ojos, viendo poder en él. Nunca le había dicho lo que le había sucedido a sus piernas, pero las cicatrices estaban todavía rojas y crudas y los médicos lo visitaban frecuentemente. Sabía que había tenido numerosas operaciones, pero era algo sobre lo que jamás hablaba. Trabajaba fuera de casa e iba al fisioterapeuta diariamente. Era excelente en natación. Una vez, había permanecido bajo el agua tanto tiempo, que ella se había zambullido, aterrorizada por si se había ahogado; sólo para tenerlo asustándola al agarrarla por la cintura y tirar de ella hasta la superficie. No era de extrañar que hubiera sido un SEAL de la Armada, se sentía más a gusto dentro del agua que fuera de ella.



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