Cuando Jess se detuvo, utilizando poderosas brazadas para pararse en el agua, Saber dejó caer su toalla en la plataforma y se sumergió, no queriendo que la viera mirándole.

Jess se sumergió tras ella y la encontró bajo el agua. La agarró de la cintura con las manos y la disparó hacia la superficie. Ella salió del agua con fuerza riéndose, bajó, eludiendo sus manos extendidas, y se hundió bajo él. Jugaron al energético juego del corre que te pillo y al fútbol. Saber era de fútbol. Echaron carreras, intentaron una extraña forma de ballet acuático, y finalmente terminaron colgándose de las barras que recorrían toda la piscina.

Jadeante, con los ojos brillantes de alegría, Saber se enjuagó las gotitas de agua de la cara.

– Esto fue una gran idea, Jess.

El enganchó un brazo en la barra de metal, flotando perezosamente.

– Siempre tengo grandes ideas. Deberías saber eso. -Sonaba imposiblemente arrogante.

Ella le envió un chorro de agua a su presumida y sonriente cara, chilló y se zambulló en el centro de la piscina cuando él se vengó.

Cuando emergió, él estaba sentado en el borde del agua luchando por parecer inocente.

El corazón saltó apenas lo miró. Su sonrisa. Su risa. La manera en que sus ojos se iluminaban. ¿Cómo podía haber conseguido ser tan afortunada de encontrarlo? Mandó otra columna de agua disparada hacia él, luego se giró y nadó alejándose. Pasó varios minutos braceando dura y rápidamente, conducíendose, tratando de empujar su cuerpo hasta la fatiga.

Jess se sentó en el jacuzzi y encendió los chorros, permitiendo que el agua masajeara sus piernas dañadas. Se sentó en silencio y miró el pequeño cuerpo cortando eficientemente a través del agua. Extrañamente, cuando ella nadaba, su cuerpo estaba en alerta, cada sentido estallaba en modo de supervivencia. Era una nadadora hermosa. Se movía con el ritmo de una bailarina, en silencio y elegantemente. Sabía que tenía rápidos reflejos. Los había probado hacía poco, simplemente a causa de la manera en que nadaba.



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