
Saber abrió los ojos para mirarle a través del vapor que se alzaba.
Por tu culpa. Había salido con estúpidos putrefactos porque no estaba dispuesta a enamorarse de Jesse. Era tan estúpido y sin sentido. No podía tener a alguien decente, así que salía con hombres sabiedo que no podía herirles. Nunca le haría daño a un inocente.
No tuvo tiempo de censurar sus pensamientos. Ni siquiera para si misma habia admitido alguna vez que no podía mirarle sin desearle. Quería trazar cada línea de su cara, memorizar la forma y la textura de su boca, deslizar los dedos por la riqueza de su hermoso pelo que caía al azar en todas direcciones. No podía cerrar los ojos y no tenerlo en su mente. Le olía en cada cuarto. Cuando inhalaba, estaba ahí, entrando tan profundamente en sus pulmones que se sentía poseída por él.
Con miedo de que él pudiese leerle la cara, apartó la mirada,, estudiando el mural embaldosado.
– Quien sabe porque hago lo que hago, Jesse.
Él no tenía la habilidad para leer mentes. Pero ella le había hablado telepáticamente. Cada célula de su cuerpo se puso en alarma. Sus palabras habían sido claras, absolutamente claras en su mente. Por tu culpa. Ella había sido capaz de proyectar sus pensamientos en su cabeza. No sólo fue clara, sino que lo había hecho fácilmente, sin apenas malgastar energía, ningún poder salió de ella. Nunca en los diez meses viviendo con él había cometido un deslilz. Ni una sola vez. Y eso hablaba de entrenamiento especializado, no solamente especializada; llevaba una disciplina rígida ser lo suficientemente bueno para ir encubierto y nunca cometer un error. Él no iba a comprar que simplemente había encontrado su casa, le habia encontrado a él, y que estaba entrenada en la comunicación telepática. Dios. Jesús. No podría soportar que ella jugase con él como si fuese tonto.
