
Se sentó en silencio, aturdido por la revelación, furioso consigo mismo por no haberlo visto venir. Quizá durante todo el tiempo lo había sospechado, pero no había querido saberlo. Era tan hermosa. Tan corrects para él. ¿Quién la enviaba? ¿Quién ponía esas sombras en sus ojos? ¿La cautela en su cara? Por tu culpa. ¿Qué significaba eso exactamente?
Mantuvo un rostro inexpresivo mientras estudiaba la situación desde todos los ángulos. Si había sido enviada allí para matarle, ya había tenido oportunidad de hacerlo. Si le estaba espiando, habría tratado de entrar en su oficina y él lo habría sabido. No creía que en las coincidencias, ¿así que en cuanto peligro estaba? ¿Y cuanto debería contarles a los otros? Se había mantenido lejos de Saber, puramente por razones egoístas, aunque quizá había sabido la verdad todo el tiempo.
– ¿Qué? ¿Ningún comentario? Estás terriblemente calmado Jesse y siempre tienes algunos comentarios que sacar de tu larga lista. Adivino que la verdad es que quise sentir algo por alguien. Y él parecía divertido en el bar. Guapo. Algo inteligente.
Había sido un canalla. Ella había salido deliberadamente con un cliché de hombre, como siempre hacía, porque no quería herir a un hombre realmente agradable. Dondequiera que llamase actualmente su casa, sabía que nunca podría permanecer. Queria hacer todas las cosas normales que una mujer haría cuando fingía que estaba viviendo como los demás, pero nunca quería herir a nadie por su culpa. Ya había causado suficiente daño para toda una vida.
Ella suspiró y dio un puñetazo a las burbujas.
– Fue estúpido. No lo volveré hacer otra vez.
– Fue estúpido -estuvo de acuerdo él-. Y no, no lo volverás hacer otra vez.
Ella lo miró a la cara. Parecía que había sido cincelado en piedra. Ese era Jesse por fuera. Jesse por dentro era… sentimental. Una lenta sonrisa se extendió por su cara y la diversión se encendió en sus ojos.
