
– Soy una chica traviesa -dijo ella y se inclinó para acariciar su entrepierna-. Y tú, obviamente, me quieres así.
– No hables -dijo con rudeza, y suspiró cuando ella abrió sus vaqueros. Le permitió que realizara su trabajo, mientras él se preocupaba de los negocios. Mantendría la boca y las manos ocupadas. Podría mirar su piel, el cabello y todo estaría bien. Iba a ser una larga noche, pero gracias a esto permanecería en alerta hasta más tarde.
Más adelante, el coche que había estado siguiendo, se estacionó al borde de la vereda. Era algo inusual, pero él no podía detenerse y ser atrapado ni tampoco los podía perder. De igual forma se detuvo y esperó mientras la puta hacía su trabajo, la excitación comenzaba a inundar sus venas como una droga.
CAPÍTULO 1
Saber Wynter apoyó la espalda contra el asiento del lujoso coche deportivo y clavó incrédulamente los ojos en su compañero de cita.
– ¿Te estoy escuchando bien? -golpeó ligeramente una larga uña, perfectamente pulida, sobre el reposabrazos-. Me estás diciendo que has salido conmigo en tres citas, y afirmas que has gastado cien dólares…
– Ciento cincuenta -corrigió Larry Edwards.
Alzó una oscura ceja rápidamente con incredulidad.
– Ya veo. Ciento cincuenta dólares, no tenía ni idea de lo que habías gastado. Tu restaurante favorito es una parada de camiones.
– El San Sebastián no es una parada de camiones -negó él acaloradamente, quedándose con la mirada fija en los ojos azul-violeta. Ojos inusuales, bellos y embrujadores. Había notado su voz en la radio inmediatamente, la Sirena Nocturna, como todo el mundo la llamaba. Parecía un ronco susurro de pura promesa sensual. Noche tras noche la había escuchado y fantaseado. Y entonces cuando la conoció… ella tenía una magnífica piel fina y una boca que gritaba sexo. Y esos ojos. Nunca había visto unos ojos como aquellos. Ella tenía un aura de inocencia, y la combinación de sexy e inocente era demasiado difícil de resistir.
