
La diversión suavizó el duro borde de la boca de Jess
– ¿Sí? ¿Quién lo dice? Créeme, dulce, parecías atractiva. No culpo a Patsy por llegar a una conclusión equivocada.
– Y no lo negaste cuando lo hizo -le acusó Saber, acurrucándose más profundamente en la bata, deseando apretar los labios contra su boca.
– Tu tampoco. Según recuerdo, envolviste los brazos alrededor de mi cuello y parecías provocativa. -Deliberadamente la provocó, deseando que las sombras desaparecieran de sus ojos, queriendo ver su risa, la verdadera, la que reservaba sólo para él.
– ¿Provocativa? -Unas chipas violetas aparecieron en sus ojos azules.
Ella parecía joven, despeinada y muy tentadora, tan pequeña, en la inmensa gruesa bata de felpa. Si se estiraba, él podría agarrar las solapas de la bata y tirar de ellas, atrayendo su boca a la suya y estallar en llamas.
– Provocativa -dijo él decididamente.
– Ahora no es verdad y lo sabes, Jesse -arrugó la nariz con repugnancia-. Provocativa. Que típico. Además me tiraste en tu regazo antes de que envolviera mis brazos alrededor de tu cuello. Y que casualmente, fue un error mayor, debería haber tenido mis manos alrededor de tu garganta. No tenía ni la menor idea de que Patsy fuese tu hermana. Pensé que era una de tus ex-novias de la que querías deshacerse. Yo solamente te ayudaba.
– ¡Ah! -Bufó él de manera poco elegante-. Cómo pensaste que ella era una nueva, quisiste deshacerte de ella.
Los pies desnudos de Saber golpearon el piso con absoluta frustración. Buscó algo para tirarle a la cabeza y agarró con fuerza su toalla húmeda.
– Eso desearías, bruto. No te halagues. Eres tan… arrogante, Jesse, me vuelves loca.
