
Jess hizo rodar las ruedas hacia delante y hacia atrás mientras pensaba en esto último. Toda situación tenía sus ventajas, y un Caminante Fantasma aprendía a tomar lo que venía y a usarlo. Jess estaba seguro como el infierno de poder contar con Logan a pesar de la silla, pues Logan era como un hermano, pero Saber, bien, Saber se estaba abriendo paso a su corazón. No habría nada más si Saber se iba.
En el momento en que Logan entró en el cuarto, le dio una patada a la silla de ruedas y miró furiosamente a Jess.
– ¿Qué diablos haces estos días? ¿Tienes alguan idea de que hora es? Y que es eso de que la mujer nunca duerme. Eres un condenado afortunado que este cuarto sea insonoro, porque ella está paseando otra vez. ¿Qué pasa con esto? -Pasó alrededor de Jess y se sirvió una taza de café.
– Hola a ti también -Jess le echó un vistazo a su compañero Caminante Fantasma. Logan llevaba un pasamontañas azul oscuro dejando ver sólo sus fríos ojos-. Puedo ver que estás de buen humor.
– Se supones que estás tras la pista de un asesino, no satisfaciendo a tu novia.
– Vete al infierno, Max -rugió Jess-. Haré el trabajo. Si no quieres trabajar conmigo ahí tienes la puerta. No dejes que te golpee cuando te largues.
– Qué gruñón -Logan encogió sus anchos hombros dirigiéndole una burlona sonrisa-. ¿No duermes aún con ella no? El gran Jess Calhoun, sargento del equipo de los SEAL derribado por su ama de llaves.
Jess respondió con un gesto grosero y empujó la silla contra él.
– Tenemos trabajo que hacer.
Logan se dejó caer en la silla y se pusieron a trabajar moviéndose con la facilidad que otorgaba la práctica, registrando cada archivo, buscando un nombre. Un solo específico nombre. Esperaban reconocerlo si lo encontraban por casualidad.
