
Después de una hora, Logan se echó hacia atrás, y sacudió la cabeza.
– Esto pinta mal para el almirante.
– Ninguna pista. Nada que nos indique quien es él. El traidor se oculta muy bien -dijo Jess soltando un pequeño suspiro-. No voy a creer que el Almirante Henderson está implicado de algún modo. No puede ser tan buen actor, y seguro como el infierno que no es estúpido. Ahora mismo es nuestro único sospechoso, ¿y sería ese el caso si fuera culpable?
– Hemos estado haciendo esto durante semanas, Jess -dijo Logan-. ¿Hemos encontrado un nombre que tiene la influencia y la acreditación necesaria para orquestar esta clase de engaño, una persona que ha estado en cada misión.?
– Pero es el jefe del NCIS. Uno de los Contraalmirantes más condecorados de nuestra nación. Ha sido el oficial al mando de nuestro equipo de Caminantes Fantasmas, desde que fuimos creados, él nos buscó -protestó Jess-. No puede ser él.
– ¿Quién entonces? Dame otro nombre -Logan alzó las manos al aire-. Alguien más. Porque por lo que puedo ver él era el único que siempre sabía a dónde nos enviaban. Él dio la orden de enviar a Jack al Congo. Cuando Jack no pudo ir envió entonces a Ken en su lugar. Los gemelos Norton fueron torturados más allá de lo que un ser humano puede soportar. ¿Has visto a Ken? Al menos tienen la suerte de que escaparon.
Jess pasó una mano por su pelo y golpeó con frustración el escritorio.
– Lo se. Le visité en el hospital en cuanto regresó.
Pocas personas sabían de la existencia de los Caminantes Fantasmas, incluso en Washington. Equipos de las Fuerzas Especiales de cada rama del ejército habían sido probados en busca de habilidades psíquicas, y a quien sacaba las puntuaciones altas le daban la oportunidad de continuar hacia el proyecto Caminante Fantasma. Los soldados eran sometidos a un entrenamiento especializado antes, durante y después de los experimentos, y los resultados habían sido increíbles.
