
– Alguien lo sabe. Alguien sabe que nos ofrecimos voluntarios para ser realzados psíquicamente, y también deben saber que el doctor Peter Whitney llevó el experimento más allá. Sabe Dios con cuantas mujeres experimentó también. -Jess sacudió la cabeza-. Alguien lo sabe, Max, pero no puede ser el almirante.
– Tal vez Louise Charter, la secretaria del almirante. Ha estado con él durante veinte años, y cuando la investigamos antes salió limpia, pero podemos ir de nuevo y ver si se nos pasó algo por alto. -Logan sabía que sonaba tan poco dispuesto como se sentía. Habían revisado a Louise a fondo. Nada había sido omitido y ambos lo sabían.
– Mis tripas dicen que no es el almirante -insistió Jess.
– Bien. ¿Entonces qué hacemos aquí?. Estamos examinando cada informe que ha tenido algo que ver con los Caminantes Fantasmas, pero ninguna de las misiones estaban en los informes. El trabajo administrativo es todo una tontería. Dime que buscamos, Jess.
– Cada Caminante Fantasma se ofreció voluntariamente para ser psíquicamente realzado. Al menos los hombres. Bien es cierto que no sabíamos nada acerca del realce genético, mi hipótesis es que, si nosotros lo hubieramos sabido, habríamos seguido adelante. Alguien nos quiere a todos muertos y lo que hacemos es intentar averiguar quién.
– Cierto -Logan asintió, sabiendo que Jess estaba pensando en voz alta. El hombre era brillante, de hecho era como Kadan Montague, otro Caminante Fantasma considerado un genio. Si alguien podía entender el lío, ese alguien era Jess o Kadan.
