Estaba seguro de que muy pronto ella se sentaría tranquilamente y podría hacer lo que quisiera con ella. Esperaba que llorase y rogase por que no la dejase allí, pero en lugar de eso, los pequeños y perfectos dientes blancos brillaron como perlas, haciendo que su estómago se apretara fuertemente.

Miró a Saber presumidamente queriendo abofetear su belleza infantil.

– Tengo malas noticias para ti, Larry. La amarga verdad es que más bien me arrancaría las uñas una por una antes que acostarme contigo -se deslizó fuera del asiento del coche-. Tu aliento apesta, Lar, y afróntalo, eres repulsivo. -Dio un portazo con tal fuerza que él se sobresaltó visiblemente.

La furia se extendía a través de él.

– Ésta es una zona peligrosa de la ciudad, Saber. Vaqueros borrachos, vendedores de drogas, vagabundos. No es una buena idea permanecer aquí.

– Estoy segura que deben ser una mejor compañía -se burló ella.

– Última oportunidad, Saber -su ojo se convulsionó coléricamente-. Te estoy haciendo un favor. El sexo con una cosa flaca y huesuda como tú, no es nada extraordinario. De hecho das lástima.

– Qué tentador Lar, tan tentador. ¿Dio resultado con alguna adolescente asustadiza? Porque, la verdad, no está funcionando conmigo.

– Lo vas a sentir -chasqueó él, furioso de que nada de lo que decía consiguiera el resultado que quería. Ella le hablaba con desdén como una princesa a un campesino y le hacía sentir como lodo bajo el zapato.

– No creas que esto ha terminado, arrogante -advirtió ella, con una sonrisa colgando de su cara-. Esto será una gran pequeña historia en mi programa de radio. Voy hacer un programa completo sobre el tema: el peor idiota con quien alguna vez te has citado.



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