– No te atreverías.

– No estás tratando con una nena de dieciséis años, Larry -le informó fríamente, demasiado enojada para reírse de la situación. Él no tenía ni idea de con quién o con qué estaba tratando. ¡Idiota! ¿Pensaba que la podría forzar a acostarse con él amenazándola con abandonarla en una peligrosa zona de la ciudad? Se preguntó si su plan realmente le había funcionado antes. La idea hizo que le picaran los dedos por agarrarlo. Se mantuvo calmada y descendió los ojos hasta él.

Jurando furiosamente, Larry aceleró al máximo el motor dejando una huella de caucho en el camino, abandonándola en mitad de una calle vacía.

Saber golpeó el suelo con el pie mientras miraba encolerizadamente como desaparecían las luces traseras.

– Caramba, Saber -masculló, dando una patada a la cuneta con frustración-. ¿Qué más esperas si insistes en salir con un gilipollas? -Estaba cansada de tratar de ser normal. Muerta de cansancio de fingir. Nunca iba a encajar, ni un millón de años.

Deslizó una mano a través de la mata de gruesos rizos, de color negro azulado que caían revoltosa y desordenadamente alrededor de su cara, observó larga y lentamente a su alrededor. Larry no había estado bromeando, era una parte aterradora de la ciudad.

Inspirando profundamente, masculló.

– Simplemente maravilloso. Probablemente hay ratas. Ratas hambrientas. Esto no es bueno, Saber, no es bueno en absoluto. Debería haberlo pateado salvajemente y haber robado su coche.

Suspirando con rabia, se dirigió a la agrietada y sucia acera, hacia el único farol que iluminaba una cabina telefónica.

– Será el colmo si la estúpida cosa está rota. Si es así, Larry -juró en voz alta-. Definitivamente pagarás por tus pecados.

Porque, claro está, ella no podía tener un teléfono móvil como todos los demás. Ella no dejaba rastros de papel que cualquiera pudiera seguir. La próxima vez, si es que había alguna próxima vez en que fuera lo suficientemente estúpida para citarse, llevaría su coche y podría ser ella quien descargara la bsura.



6 из 372