
Sus dedos se apretaron lentamente en un puño, golpeando con impotencia; una vez, dos veces, el cuero. No le había comentado que iba a salir. Aún no había llamado para decirle que se retrasaría. Un día de estos sería empujado demasiado lejos por la misteriosa y elusiva Saber Wynter, y la estrangularía.
Inesperadamente, el primer recuerdo de ella se le vino a la mente, recordando que fue su propia locura la que lo había puesto en una posición tan incómoda. Había abierto la puerta diez meses antes para encontrarse en el umbral a la niño más bello que alguna vez hubiera visto, con una desgastada maleta en la mano. No más de 1,55 centímetros, tenía el pelo color negro, tan azabache que se le iluminaba con pequeñas luces azules a través de los alborotados rizos. Su cara era pequeña y frágil, con delicados huesos clásicos y una nariz ligeramente arrogante. La suave piel perfecta, la boca llena y enormes ojos color azul-violeta. Tenía una inocencia que hacía que él quisiera… no, mejor dicho, necesitara protegerla. Ella temblaba insoportablemente de frío.
Sin palabras le había dado un pedazo de papel escrito con su anuncio. Ella quería el trabajo en la emisora de radio, que estaba vacante después de que su personal nocturno hubiera muerto en un accidente de coche. El accidente había dejado conmocionado a todo el mundo, y Jess se había tomado mucho tiempo antes de pensar en ocupar el puesto, pero recientemente había hecho publicidad buscando a alguien.
