
– Ni se te ocurra -le advirtió Michael.
Susan no se sorprendió cuando él la llamó al día siguiente, aunque había permanecido sentada junto al teléfono durante más de una hora, con la excusa de que estaba leyendo.
Michael le había comentado a su madre aquella mañana mientras desayunaban que se trataba de un caso de amor a primera vista.
– Pero si conoces a Susan desde que era una niña -observó su madre.
– No, mamá, no es así -replicó él-. La conocí ayer.
Los padres de ambos se mostraron encantados, pero no sorprendidos, cuando se prometieron un año más tarde; después de todo, apenas habían pasado un día separados desde la fiesta de graduación de Susan. Los dos consiguieron un empleo a los pocos días de acabar los estudios, Michael como ayudante en la Hartford Life Insurance Company y Susan como profesora de historia en el instituto Jefferson, así que decidieron casarse durante las vacaciones de verano.
Algo con lo que no habían contado era que Susan se quedara embarazada mientras estaban de luna de miel. Michael no podía ocultar su alegría al pensar que sería padre y cuando el doctor Greenwood les informó a los seis meses de que tendrían mellizos su gozo fue doble.
– Bueno, al menos eso solucionará un problema -dijo Michael como primera reacción a la noticia.
– ¿A qué te refieres? -preguntó Susan.
– Uno podrá ser republicano y el otro demócrata.
– No si yo lo puedo evitar -proclamó Susan y se acarició la barriga.
Susan continuó con las clases hasta el octavo mes de embarazo, que coincidió felizmente con las vacaciones de Pascua. Se presentó en el hospital al vigésimo octavo día del noveno mes con una pequeña maleta. Michael salió del trabajo más temprano y se reunió con ella unos minutos más tarde, con la noticia de que le habían ascendido a ejecutivo de cuentas.
