
– Bien. Ya lo sé. Muchas gracias. Adiós.
Jesse volvió a sonreír, lo que le provocó un vuelto en el estómago.
– ¿Sabes una cosa? Cuando una mujer no me tiene simpatía, tengo que descubrir por qué.
– Ya le he dicho por qué.
– Hay mucho más de lo que me has dicho -afirmó mirándola fijamente-. Y lo averiguaré.
Capítulo Dos
Jesse no comprendía por qué estaba aún pensando en Bella. Por qué el aroma que emanaba de su cuerpo todavía lo perseguía. Por qué una mujer mal vestida con unos ojos mágicos seguía turbándolo horas más tarde.
– Según nuestros datos, los artículos de playa de las mujeres se venden dos veces más que los de los hombres -dijo Dave.
Jesse interrumpió sus pensamientos y se reclinó sobre la butaca de su escritorio.
– Dave, ya le lo he dicho. No tengo ningún interés en las mujeres, al menos en lo que se refiere a lo que se vende en mis tiendas -añadió con una sonrisa,
– Pues te estás perdiendo un filón -se apresuró a decirle Dave, que era calvo y bajito-. Sí pudieras dedicarme un minuto de tu tiempo, podría demostrarte a lo que me refiero.
Dave Michaels era el director de ventas de King Beach y siempre estaba tratando de convencerlo para que pensara en la diversificación. Sin embargo, Jesse tenía una política muy firme; sólo vendía productos que conociera y utilizara personalmente. Como miembro de la familia King, había aprendido muy pronto que el éxito se basaba en adorar lo que uno hace. En conocer el negocio mejor que nadie, A pesar de que sabía que Dave no iba a hacerle cambiar de opinión, sabía también que no se rendiría hasta que hubiera tenido oportunidad de explicarse.
– Está bien, tú dirás-dijo Jesse.
Se puso de pie porque odiaba verse atrapado tras un escritorio. Aunque era una elegante y ligera combinación de cromo y cristal, el mueble siempre le recordaba a su padre, atrincherado tras un enorme escritorio y diciéndoles a sus hijos que se fueran a jugar porque él estaba demasiado ocupado para hacerlo con ellos.
