
– Y lo haré.
La verdad era que sabía que debería acometer las prendas femeninas. Simplemente, no había encontrado nada en lo que creyera. Hasta aquel momento. El desafío sería convencer a Bella para que se uniera a ellos antes de que Pipeline le echara el anzuelo.
Cuando Dave se marchó, algo le llamó la atención. Se inclinó para recoger algo del suelo y vio que se trataba de una fotografía que debía de habérsele caído. Era de un biquini verde mar, con finas cintas en el sujetador y anillos plateados en las caderas. Sin poder evitarlo, trató de imaginarse a Bella con él, pero no pudo conseguirlo y eso le resultaba muy irritante. Siempre iba con ropa con la que tratara deliberadamente de ocultar su figura.
Sonrió y dejó la fotografía en el escritorio. Entonces, se dio la vuelta y se puso a mirar por la ventana para observar la tienda de Bella. Parecía imposible dejar de pensar en ella. No hacía más que recordar el brillo acerado de sus ojos, como si estuviera dispuesta a entrar en batalla. Aunque fuera vestida como una refugiada, había algo en ella que…
No. Bella Cruz no le interesaba en absoluto. Sin embargo, sí le interesaba cierta mujer de Morgan Beach. La que estaba buscando. Su mujer misteriosa.
Miró fijamente el mar y pensó en una noche de tres años atrás. No recordaba mucho sobre esa noche ni sobre ella. Aquel día, había ganado una competición muy importante y llevaba todo el día de celebración. Entonces, se encontró con ella, Un poco más de celebración y, por fin, sexo en la playa. Una experiencia sexual completamente sorprendente. Arrebatadora.
No había podido olvidar nunca a aquella mujer. No podía recordar su rostro, pero conocía el fuego de sus caricias. No recordaba el sonido de su voz, pero sí el sabor de sus labios.
Había sido algo más que las olas lo que lo había llevado a Morgan Beach. Su mujer misteriosa seguía allí. Al menos, eso esperaba. Existía la posibilidad de que sólo hubiera estado en Morgan Beach para la competición, pero le gustaba pensar que ella vivía allí. Que, tarde o temprano, volvería a encontrarse con ella y, cuando la tuviera entre sus brazos, no la dejaría escapar.
