
Afortunadamente, su teléfono comenzó a sonar silenciando así sus pensamientos.
– King.
– Jesse, soy Tom Harold. Sólo te llamo para comprobar lo de la sesión de fotos que tenemos programada para mañana.
– Claro., Está todo organizado, Tom. Los modelos llegarán a primera hora de la mañana. La sesión será en la playa. El alcalde nos ha dado permiso para acordonar una parte.
– Perfecto. Ahí estaré.
Jesse colgó el teléfono. Se sentó y decidió apartar de su pensamiento todo lo referente a Bella Cruz. Tenía mucho trabajo, el único modo de evitar que los pensamientos se le desbocaran.
– Por el amor de Dios. Bella -le dijo Kevin Walter aquella noche, durante la cena-. ¿Quieres que te deje sin local?
Kevin era el mejor amigo de Bella. Se conocían desde hacía cinco años, desde que ella se mudó a Morgan Beach y comenzó a vivir de alquiler en una vivienda que Kevin tenía. Podía hablar con él como lo haría con cualquier mujer y Kevin normalmente estaba dispuesto a darle el punto de vista masculino que ella tanto necesitaría. Sin embargo, aquella noche, Bella prefería que él viera las cosas desde su perspectiva.
– No -respondió. Aún le quedaban dos meses para que finalizara su contrato de alquiler y, si Jesse la echaba, tendría que vender sus trajes de baño desde casa. No creía que a Kevin le gustara esa solución, lo que suponía otra razón más para estar furiosa con Jesse King-. Ya sabes que si sigo un par de años más donde estoy ahora, podría comprarte la casa.
– Te he ofrecido un trato.
– Ya sabes que no quiero tratos de favor, Kevin. Quiero hacer esto yo sola.
– Sí, ya lo sé.
– Te agradezco mucho que quieras ayudarme a comprar mi casa, Kevin, pero no sería realmente mía si no lo hiciera yo sola-añadió, para no disgustar a su amigo.
