
– Sí. Así es. Él debería saberlo. Por el amor de Dios, ¿acaso lo siguen tantas mujeres que, al final, todas se funden en una? -replicó ella mientras tomaba su copa de vino.
– Bella, cielo. Sabes que te quiero mucho, pero de lo que me estás hablando es tan femenino… No tiene nada que ver con el mundo de los hombres.
Kevin tenía razón y ella lo sabía. En el tema del sexo, los hombres y las mujeres pensaban de un modo totalmente diferente. Aunque ella hubiera bebido demasiadas Margaritas aquella noche, había decidido conscientemente acostarse con Jesse. Y no lo había hecho porque fuera rico, famoso o muy guapo. Lo había hecho porque habían estado hablando y había sentido un vínculo especial. Desgraciadamente, tal y como había comprendido al día siguiente, Jesse sólo se había acostado con ella porque había dado la casualidad de que estaba allí, dispuesta.
– Si buscabas algo más que una noche, se lo tendrías que haber dicho al día siguiente -le dijo Kevin-. Deberías haberle hecho recordar. Pero no. En vez de eso, decidiste comportarte de un modo totalmente femenino y dejarle a dos velas.
– Yo no le dejé a dos velas.
Por enésima vez, Bella recordó la conversación que tuvo con Jesse King aquella mañana. Él la miró y no recordó que se había acostado con ella. Había estado con tantas mujeres a lo largo de su vida que ella había pasado a ser una más.
– Mira, sé que ese tipo no te cae bien, pero ahora está aquí y no se va a marchar-dijo Kevin mientras tomaba un bocado de su comida-. Ha trasladado su empresa aquí y ha abierto su tienda más importante aquí, en Morgan Beach. Jesse King ha venido para quedarse, te guste o no.
– Lo sé…
– Entonces, si vas a vivir en la misma ciudad que él, debes contárselo. Si no, te vas a volver loca.
