
Volvió a mirar los trajes de baño que llevaban las modelos. Su instinto como diseñadora no pudo soportarlo. Además, Jesse King resultaba tan arrogante que ella quería…
– Significa que las mujeres son las que van a las tiendas a comprar, señor King. Si tuviera algo de sentido común, lo sabría. Esos trajes de baño que llevan sus modelos son tan genéricos que deberían llevar la etiqueta de talla única. Mis trajes de baño están hechos para ensalzar la figura de la mujer. De todas las mujeres.
Jesse sonrió. La miró de arriba abajo y la desafió con la mirada.
– ¿Incluso la tuya?
Bella se sintió insultada. Levantó la barbilla y le dedicó una mirada de desaprobación. Sabía que estaba siendo manipulada, pero, en ese momento, no le importaba. Estaba tan convencida de que tenía la razón que se moría de ganas por demostrarle lo equivocado que estaba. El mejor modo de hacerlo era demostrarle exactamente lo que quería decir
– Volveré enseguida-anunció.
Se dirigió a las modelos y habló con ellas brevemente. Hizo que le dijeran sus tallas y cruzó rápidamente la calle para entrar en su tienda. Sólo tardó unos minutos en salir. En los brazos, llevaba algunos de sus trajes de baño.
– ¿Qué te crees que estás haciendo? -le preguntó Jesse mientras ella empujaba a las modelos a una de las caravanas.
– Estás a punto de descubrirlo.
No dijo nada más. Se limitó a cerrar la puerta.
Los minutos fueron pasando, Jesse no hacía más que fruncir el ceño. No estaba seguro de por qué dejaba que Bella se saliera con la suya.
– Jesse, ¿cuánto tiempo…?
Se volvió a mirar a Tom, el fotógrafo, y luego hizo lo propio con su reloj.
– Vamos a darle unos minutos más, Tom. En cuanto admita que se ha equivocado por meter la nariz donde no la llaman, volveremos a iniciar la sesión.
– Por mi parte, estupendo -respondió Tom-, pero sólo nos dejan utilizar la playa por la mañana.
– Tienes razón -dijo Jesse. El permiso se terminaba a mediodía. Se acercó a la caravana y llamó a la puerta-. Bella, no tenemos más tiempo. Hay que terminar la sesión.
