– Por Dios, no… -dijo él mirando el atuendo que ella llevaba puesto. Bella se sonrojó levemente.

– Lo que quiero decir es que ya no existe la individualidad en esta ciudad. Morgan Beach solía tener personalidad.

– Y madera podrida.

– Resultaba ecléctico.

– Desastrado.

– Usted no es más que un tiburón de los negocios -lo acusó ella.

Jesse se quedó atónito de que alguien lo describiera de aquella manera. Esa jamás había sido su intención. Demonios, había hecho todo lo posible para escapar de la trampa en la que, tarde o temprano, parecían caer todos los King. El mundo de los negocios. De hecho, su apellido le había resultado un pesado lastre toda su vida.

Todos los King parecían estar encerrarlos en despachos. A Jesse no le importaba que dichos despachos fueran lujosos áticos. El jamás había querido tener nada que ver con ese mundo.

Había sido testigo de cómo sus tres hermanos se dejaban llevar por las preocupaciones del negocio familiar como si hubieran sido diseñados para aquella tarea. Incluso Justice, a pesar de ser dueño de un rancho, era ante todo un hombre de negocios. Sin embargo, él había decidido apartarse de todo aquello. Se había convertido en surfista profesional y había amado con todo su corazón aquella vida. Mientras que sus hermanos y primos iban vestidos con trajes y corbatas y no paraban de tener reuniones, él estaba viajando por todo el mundo, buscando la ola perfecta. Hacía las cosas a su modo. Vivía su vida como deseaba.

Así fue hasta que el fabricante de sus tablas de surf favoritas se fue a la quiebra hacía ya unos años. Jesse le compró la empresa porque quería tener acceso a las tablas que más le gustaban. Hizo lo mismo cuando encontró el traje de neopreno perfecto, y lo mismo con el bañador ideal. En poco tiempo, había hecho lo que se había prometido siempre que nunca haría: se había convertido en un hombre de negocios, en el presidente de King Beach, una compañía muy grande y diversificada centrada en la vida en la playa. Resultaba irónico que, precisamente lo que más le gustaba, hubiera terminado convirtiéndolo en lo que jamás había querido ser.



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