
Jesse se echó a reír.
– Simplemente estoy tratando de dirigir un negocio -respondió. Inmediatamente se sintió horrorizado por las palabras que acababa de pronunciar. ¿Cuándo se había convertido en uno de sus hermanos? ¿O en su padre?
– No. Lo que está usted tratando de hacer es dirigir el mío.
– Créame si le digo que no tengo ningún interés en su empresa.
Mientras respondía, Jesse miró detrás de ella, donde colgaba de la pared uno de los trajes de baño a medida que diseñaba. Su empresa estaba dirigida a los hombres. Sabía perfectamente lo que un cliente estaba buscando, pero no tenía ni idea de lo que buscaban las mujeres y no ampliaría su negocio hasta que lo supiera. Aunque sus socios y sus empleados estaban tratando de convencerlo para que incluyera prendas femeninas entre sus productos, él se resistía. No sabía qué era lo que preferían las mujeres. Bella Cruz podía quedarse con la porción del mercado que le correspondía a las mujeres.
– Entonces, ¿qué hace aquí? Aún faltan tres semanas para que tenga que pagarle la renta.
– Qué afectuosa. Qué acogedora -replicó él. Aquella mujer estaba decidida a odiarlo. Se metió las manos en los bolsillos de los pantalones y se dispuso a examinar lo que contenían las estanterías.
– Soy ambas cosas. Pero con mis clientes -le espetó Bella.
– Sí, ya se nota. La tienda está tan llena que casi no puedo andar.
Ella contuvo el aliento con aire digno.
– El verano ha terminado. Ahora las ventas bajan un poco.
– Qué raro. Todo el mundo dice que el negocio le va genial.
– ¿Acaso le preocupa la renta que tiene que cobrarme?
– ¿Debería preocuparme?
– No -respondió Bella rápidamente-. Tengo una clientela pequeña, pero leal.
– Hmm.
– Es usted imposible.
Al menos, eso fue lo que a Jesse le pareció que ella musitaba. Sonrió. Le agradaba saber que la estaba afectando tanto como ella a él.
Al otro lado, Morgan Beach seguía su curso. Era ya casi mediodía y los surfistas estaban dando el día por terminado, Jesse sabía bien que las mejores olas eran poco después del alba, antes de que hubiera demasiados niños, madres y aspirantes a surfistas con sus pequeñas tablas.
