
– Gracias.
– ¿Cuánto hace que es sombrerera?
– Aprendí de mi madre. Cuando era niña, la ayudaba a coser en casa. Más adelante, cuando se hizo sombrerera y se mudó aquí, a Proffitt, yo vine con ella. Cuando murió, yo continué su labor.
La señorita Wilson observó la ropa limpia de Agatha. Para su gusto, el azul que usaba era demasiado colorido y moderno, con sus remilgados lazos a la espalda e innumerables filas de alforzas en el frente. Y tampoco comulgaba con esas faldas estilo delantal tan apretadas que marcaban la forma de las caderas femeninas con demasiada nitidez, ni con el corpiño ajustado que revelaba con excesiva crudeza la amplitud de los pechos. Pero a la señorita Downing no parecía preocuparle mostrar ambos contornos con escandalosa claridad. Sin embargo, al menos el ajustado cuello clerical era recatado, si bien el borde de encaje que se repetía en las muñecas le daba un aire pecaminoso.
– Señorita Downing, ¿se siente mejor?
– Mucho mejor.
– Una se acostumbra a esto cuando lucha por nuestra causa. Como sea, no tire el vestido manchado. Si las manchas de lodo no salen, podría usarlo cuando enfrente al enemigo en la próxima batalla. -Sin aviso previo, la señorita Wilson atravesó con agilidad el salón y tomó las manos de Agatha-. Querida mía, estoy tan orgullosa de usted, tan orgullosa… -Le oprimió los dedos con firmeza-. Yo me dije: «He aquí una mujer que no retrocede ante nada. ¡He aquí a una mujer a la que quiero luchando a mi lado!».
– Oh, no fue nada. Sólo hice lo que haría cualquier mujer en la misma situación. Pero si estaban esos dos niños…
– Pero ninguna lo hizo, ¿no es verdad? Usted fue la única que defendió la virtud.
Dio otro apretón de simpatía a las manos de Agatha, las soltó y retrocedió.
Agatha se ruborizó de placer ante semejante elogio en boca de una mujer tan famosa como Drusilla Wilson.
– Señorita Wilson -declaró con sinceridad-, cuando dije que era un honor tenerla aquí, hablaba en serio. Leí mucho sobre usted en los periódicos. ¡Dios mío!, si la consideran la más alta autoridad en la lucha por la causa de la templanza.
