Quería bajar, aunque trabajaba en la planta 83, porque se había equivocado de edificio. Era la segunda vez que volvía de almorzar y entraba en la torre sur en vez de la torre norte. Tendría que abrirse camino entre el gentío de la hora del almuerzo en el vestíbulo del lucernario, bajar a la planta principal, caminar hasta la torre norte, tomar el ascensor rápido hasta ese otro vestíbulo del lucernario, en la otra planta 78, abrirse camino entre otro gentío no menos compacto y bullicioso, tomar el ascensor general a la 83, los paneles vibrando. Tratando de avanzar de costadillo, notó que alguien, muy cerca, la miraba fijamente a la cara.

– Eres Pam, ¿no?

– No te… ¿Qué?

– Soy Jeannette.

– La verdad es que no.

– Del instituto.

– Jeannette.

– ¿Cuántos años hace?

– Del instituto, Jeannette.

– No te culpo por no acordarte. La de tiempo que…

– Me parece que ya me acuerdo.

– Trabajas aquí, ¿verdad? Aquí trabaja todo el mundo.

– Se supone que bajaba.

– ¿Aún te acuerdas? Jeannette, la amiga de Teresa y de Geri.

– Entonces me acordaba.

– Hace una pila de años, ¿no?

– No me dejan entrar, no me van a dejar.

– Pero… ¿no te encanta este sitio? Tendrías que ver cómo voy a la cafetería. Un ascensor general primero y luego el rápido. Y luego el rápido de subida. Y después las escaleras mecánicas, si consigues llegar sin que te arranquen la piel a tiras.

– Sin que te la arranquen de cuajo, lo sé.

– ¿Trabajas para el Estado?

– No, es que me he equivocado de torre.

Pammy y Lyle ya no salían mucho. Antes sí dedicaban mucho tiempo a descubrir nuevos restaurantes. Se desplazaban hasta los confines más remotos de la ciudad, almorzaban en pequeñas madrigueras fluviales, pegada a las vías de acceso a los puentes, o bien en restaurantes de familia de los barrios más alejados, pues su decoración neutra, y su alejamiento, eran señal de una autenticidad inequívoca.



10 из 184