El mayor de los homosexuales se inclina sobre el cenicero para dar a su acompañante un codazo teatral. El pianista también se ha percatado del gesto casi disimulado del golfista del cárdigan amarillo, y responde a él con una serie de acordes graves. Trascendencia, presagios.

Vale la pena reseñar que paisaje y paisanaje se ven desde el particular punto de vista de una lente de largo alcance. Es toda una lección sobre la intimidad de la lejanía. En este contexto, el espacio parece no tanto una experiencia intuitiva cuanto una serie de densidades relativas. Interviene en bloques compactos. Lo que comparte la cámara con quienes miran la escena es una apreciación de la astucia óptica. La sensación de ser invisible. El público como testigo privilegiado.

La música del piano, banda sonora sustitutiva, así como vehículo de comentarios autónomos, comienza a expresar un mayor grado de (maliciosa) aprensión que se funde a pedir de boca con la secuencia de tomas cronometradas al milímetro, siendo cada una minimamente más breve que la anterior, insinuación de que ese acontecer rutinario está próximo a ceder paso ante una presión imprevista.

La mujer más joven ha logrado contener sus bostezos. El hombre que tiene al lado se estudia las uñas de la mano derecha. Lo hace con los dedos doblados sobre la palma y el pulgar extendido. La mujer, sin apartar los ojos de la pantalla, alarga la mano, lo agarra del pulgar y se lo tuerce hacia atrás. Él levanta la mirada y pone los ojos en blanco. Al poco comienza a emitir un sonido que él, o quizás los dos, hacen cuando les inquieta la angustia, una decisión crítica, un pavor innombrable, la perspectiva de atender a unos aburridos invitados a una cena, su trabajo, el trabajo de ella. La mujer del fondo sigue mirando inexpresiva. Es un ronroneo prolongado, marcado por el murmullo de la «m».

Los golfistas, en esa apacible mañana de verdor, se concentran en el juego. Juntos de nuevo en una de las calles del campo, parecen posar momentáneamente con la gloria de una corporación ante una bandera lejana. Es ahora cuando eso que sigue oculto y vigilante, esa conciencia especial e implícita en la lente de largo alcance, ha de manifestarse.



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