
– ¿Os parece que alguno de los tres es Petra?
– ¡Por supuesto que no! -Peter se alejó del ordenador con paso firme y sacó su teléfono móvil-. Esto es una pérdida de tiempo, maldita sea. ¿Qué hacemos aquí sentados, permitiendo que Vic nos maree con sus historias? Lo único que quiere es quitarse de encima la responsabilidad de haber puesto en peligro a nuestra Petey.
Rachel meneó la cabeza y se le llenaron los ojos de lágrimas, hasta desbordarse nariz abajo.
– Esto es cosa de Petra -dijo.
– ¿Cómo puedes estar segura? De todos los…
– Peter, es el sombrero de Cocodrilo Dundee y el abrigo de hule del outback australiano que compró en Melbourne. Estaba muy orgullosa de esas prendas. En esa foto se le nota. -Me dirigió una mirada a través de sus pestañas mojadas-. Vic, alguien la ha obligado a hacer esto. Dentro de una hora vamos a reunimos con el agente especial Hatfield del FBI. Dame nombres de personas con las que el FBI pueda hablar.
– Sí, cariño -intervino el señor Contreras-. En esta ocasión, debes poner las cartas sobre la mesa.
– ¿Habéis hablado con Kelsey, su compañera de habitación de la universidad? -pregunté-. No recuerdo el apellido, pero es la persona con quien Petra habla más.
– Kelsey Ingalls. Me ha llamado esta mañana, cuando ha visto la noticia en la prensa digital. Ha dicho que había intentado llamar a Petra, como todos, y que sólo podía acceder al buzón de voz -explicó Rachel con voz temblorosa-. Vic, seguro que habrás hablado con alguna persona que pueda llevar a la policía o al FBI al paradero de Petra. Dime su nombre, por favor. Por favor.
Sacudí la cabeza con impotencia.
– Alguien entró en mi apartamento y lo revolvió hace unas noches, y me pregunté si un policía…, un ex policía llamado Alito, había estado implicado en ello, pero no tengo ninguna razón para sospechar de él. Aparte de eso, Johnny Merton, el jefe de los Anacondas, sería capaz de hacer cualquier cosa si se hubiera enfadado conmigo, pero esto sucedió mientras estaba hablando con él. Y no perdió los nervios conmigo hasta el final de nuestra conversación.
