
– Pero…
– Ningún remordimiento. Ni una pizca de compasión, ni un atisbo de humanidad. Es sólo un chico. Me ha contado lo ocurrido. Y añadió: «Yo no hice nada. Soy inocente. Quiero un abogado.» Estábamos allí de pie, con sangre por todas partes, y dice que no ha hecho nada. Supongo que es porque le trae sin cuidado, vaya. Por el amor de Dios…
Se echó hacia atrás, abatido y exhausto.
– ¿Sabes cuántos años tiene el muchacho? -agregó-. Quince. Los cumplió hace un mes. Debería estar en casa, pensando en el acné, las chicas y los deberes del cole. Seguro que también es un delincuente juvenil; me apuesto la casa. -Cerró los ojos y suspiró-. Yo no hice nada. Yo no hice nada… Mierda. -Le enseñó la mano-. Mira esto. Tengo cincuenta y nueve putos años, estoy a punto de jubilarme, y creía que ya había visto y oído de todo.
La mano le temblaba. Cowart vio cómo se movía a la luz de las intermitentes luces de la policía.
– ¿Sabes? -dijo Hawkins mientras se miraba la mano-, me estoy endureciendo tanto que ya no quiero oír nada más. Casi preferiría emprenderla a tiros con un maldito chalado que oír a un solo tipo más hablando de algo terrible como si no tuviera importancia. Como si no fuera una vida lo que ha segado, sino el envoltorio de un caramelo que ha arrugado y tirado al suelo. Como si en vez de culpable de asesinato en primer grado, lo fuera de arrojar basura. -Se volvió hacia Cowart-. ¿Quieres verlo?
– Claro. Vamos.
Hawkins lo miró de hito en hito.
– No estés tan seguro. Siempre quieres verlo todo demasiado rápido. Esta vez no es nada agradable.
– También es mi trabajo -replicó Cowart.
El detective se encogió de hombros.
– Vale, pero tienes que prometerme una cosa.
– ¿Qué cosa?
– Verás lo que hizo y luego te llevaré ante él. No le hagas preguntas, sólo échale un vistazo, está en la cocina. Pero asegúrate de escribir en tu artículo que no es un muchacho cualquiera. ¿Queda claro? Que no es un pobre chico desfavorecido. Eso es lo que su abogado empezará a decir en cuanto llegue. Quiero que hagas lo contrario, que digas que se trata de un asesinato a sangre fría, ¿vale? A sangre fría. No quiero que nadie coja el periódico, vea una fotografía suya y se pregunte: «¿Cómo podría este buen chico haber hecho algo así?»
