
Y contó cómo éste, en connivencia con Monsieur y la duquesa de Chevreuse, había preparado un atentado contra el cardenal aprovechando que el rey estaba en Fontainebleau y su ministro se había instalado en Fleury a la espera de que finalizaran las obras del palacio que se había hecho construir en la capital. El plan del Gran Prior era sencillo: Monsieur y algunos amigos, de caza por los alrededores, se presentarían ya de noche cerrada a pedir alojamiento y mesa a Richelieu, y lo matarían durante una disputa provocada adrede. Luego decidirían qué hacer con el rey, en función de cómo reaccionara a la noticia. Pero Monsieur, fiel a sí mismo, se declaró enfermo en el último momento; uno de los suyos, el joven príncipe de Chalais, hizo confidencias imprudentes y los demás conjurados fueron detenidos. A la mañana siguiente Monsieur, todavía acostado, tuvo la sorpresa de ver al cardenal irrumpir en su dormitorio para ofrecerle, todo sonrisas, su casa de Fleury, «que tanto parecía gustarle». Después de lo cual fue a ofrecer su dimisión al rey, que no sólo la rechazó, sino que le otorgó plenos poderes para concluir el asunto «con el mayor rigor».
—Sigo sin ver qué tiene que ver mi marido con toda esta historia —exclamó la duquesa—. Estaba ya en Bretaña cuando encarcelaron a D'Ornano...
—Así es, pero su hermano estaba gravemente implicado porque la idea había sido suya.
—¿Y no arrestó al Gran Prior?
—No. Richelieu quería librarse de un solo golpe de los dos hermanos. Citó al Gran Prior y con las palabras más amables le dio a entender que deseaba verle acceder al Almirantazgo, que había dejado vacante el señor de Montmorency, a cambio evidentemente de que el duque César renunciara a sus pretensiones al cargo. Nuestro querido Gran Prior se quedó deslumbrado. Por eso tuvo tanto empeño en conseguir que su hermano fuera a discutir a Blois con Su Majestad. Así es cómo ocurrió todo, señora.
—¡Es indigno! ¿Cómo pudo ser tan estúpido el Gran Prior Alexandre?
