Esta etapa de sus relaciones le había resultado penosa por la simple razón de que el orgullo de Françoise había entrado en contradicción con su corazón. César le parecía encantador, con su cabello rubio, sus ojos azules y sus rasgos ya llenos de majestad. Prometía ser un hombre magnífico, y más de una mujer lo miraba con anhelo. Françoise había sentido su atractivo, pero también tenía justa conciencia de lo que ella misma era: una princesa perteneciente a una de las casas más nobles de Europa, sobrina de una reina de Francia,

Tal vez se habría resignado, como la dulce y piadosa tía Louise había acabado por resignarse a los amiguitos de su esposo; pero la corona y el manto real transmiten mucho valor a la persona digna de llevarlos, y en cambio ya no existía ninguna posibilidad de que el hijo de Gabrielle ascendiese jamás al trono. Sin embargo, la rebelde fue obligada a someterse. No ante una orden del rey —Enrique IV sabía que no disponía de ningún medio para obligar a Mademoiselle de Mercoeur a casarse con su hijo bastardo—, sino ante la voluntad del duque de Lorena, el jefe de la familia. Este, Enrique II el Bueno, viudo en primeras nupcias de Catalina de Borbón, hermana de Enrique IV, quería guardar buenas relaciones con su cuñado. Dio a entender que el matrimonio le convenía, y las dos rebeldes, madre e hija, hubieron de someterse. Y fue una bonita boda, todo ha de decirse.

Al recordarla, François e no podía dejar de sonreír. Volvía a ver la capilla del castillo de Fontainebleau, perfumada por las flores, iluminada por los cirios y centelleante por los atuendos de los asistentes en aquella noche del 5 de julio de 1609. Veía de nuevo a César, ya más alto que ella, deslumbrante y magnífico en su casaca de raso blanco cuando a medianoche ocupó su lugar al lado de ella para jurarle amor y fidelidad. Le había sonreído al tomar su mano. Es cierto que ella también estaba hermosa, pero a través de ella estaba sonriendo a Bretaña, a la Bretaña que le habían presentado el año anterior y que había ocupado de inmediato una parte de su corazón.



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