
– Yo no… -le miró a los ojos.
El arqueó una ceja.
El instinto de Charlotte le decía que era el momento de aceptar antes de que se arrepintiera, pero… ¿De verdad estaba preparada para pasar semanas en aquella casa, con él?
En ese momento se acordó de aquel día, cuando le había dado la llave de la habitación. Durante una alocada fracción de segundo se había sentido tentada de aceptarla. Pero las cosas habían cambiado mucho desde entonces. Tenía unos cuantos años más y sabía muy bien lo importante que era llevar una vida discreta, lejos de las portadas de las revistas del corazón.
No obstante, aquel viejo estremecimiento había vuelto con fuerza, y él lo sabía.
– Me quedo -dijo finalmente, recordando lo mucho que deseaba demostrarles su valía a los Hudson.
Por una vez sería parte del equipo. Raine se deshizo en exclamaciones de alegría.
Alec agarró la copa de vino y brindó para sellar el trato. Su mirada, soberbia y arrogante, hablaba de un desafío que no había hecho más que empezar.
– No te dejarán vivir en paz -afirmó Kiefer mientras preparaba su bicicleta para el descenso.
– Es amiga de Raine -dijo Alec, pedaleando con más fuerza.
Estaban en un camino rural que serpenteaba alrededor de la cordillera junto a la que se hallaba la finca Montcalm. Las ruedas de la bicicleta temblaban bajo los pies de Alec y el sudor empezaba a empaparle el cabello.
– ¿En serio? -dijo Kiefer-. Es una película de Hollywood. Habrá prensa por todos lados. Ya sabes cómo van a reaccionar los japoneses.
El sol empezaba a asomar por el horizonte, iluminando el río y las praderas y bosques cercanos.
– Todo está bajo control -afirmó Alec sin estar del todo convencido.
Se sentía muy atraído por Charlotte, y había dejado que esa atracción le nublara el sentido. ¿Cómo había podido consentir que rodaran una película en el salón de su casa?
Kiefer, que era el vicepresidente de su empresa, tenía toda la razón. La semana anterior se habían reunido con un asesor de imagen muy cotizado y entonces se había comprometido a llevar una vida social más discreta.
