
– ¿Qué? -preguntó Kiefer, mirando a uno y otro lado.
Alec guardó silencio. ¿Cómo podía haber dejado escapar aquella oportunidad? Charlotte podría haber sido su novia Ficticia durante todo el rodaje.
– ¿Qué? -preguntó Kiefer nuevamente.
Pero ya era demasiado tarde para añadir una cláusula extra a las bases del contrato.
– Tuve oportunidad de chantajear a una chica -confesó Alec.
– ¿A quién?
Alec sacudió la cabeza.
– Creo que ya es imposible.
– ¿Y quién es?
– Nadie -dijo Alec.
– Eso es perfecto -replicó Kiefer con entusiasmo.
– Creo que estoy fuera de forma -Alec aminoró la marcha y giró a la derecha hacia Crystal Lake.
– Bueno, ¿pero cuál era tu forma? -preguntó Kiefer, insistente.
– Oh, no, no empieces -Alec se detuvo, bajó de la bicicleta y contempló la maravillosa vista del lago.
– ¿Que no empiece qué?
– Ya sabes. Es una chica inteligente, dura y testaruda.
– Por lo menos, dame una pista -Kiefer bebió un sorbo de agua.
– En realidad, no hay ningún problema -dijo Alec-. Kana Hanako no va a renunciar a mis contactos con los del Tour de Francia. No importa lo que diga la prensa.
– Sí, pero mientras tanto me pueden hacer la vida imposible a mí. ¿Sabes cuántos gritos tengo que soportar del traductor de Takahiro?
– ¿Y tú recuerdas lo mucho que te pago para que aguantes los gritos del traductor de Takahiro?
– No lo suficiente -dijo Kiefer, rezongando. Cerró la botella de agua y se pasó una mano por el cabello-. ¿De quién se trata?
Alec negó con la cabeza.
– Juro que ni siquiera le dirigiré la palabra -añadió Kiefer para convencerlo.
Alec hizo una pausa.
– Charlotte Hudson. Es una amiga de Raine.
– Ah. Podrías haberla chantajeado antes de darle permiso para filmar en la casa.
Alec asintió.
– ¿No es hermana de Isabella?
– Creo que es una prima. No estoy seguro. Raine dice que Charlotte se crió con sus abuelos maternos en Europa. Su abuelo es el embajador de Estados Unidos en Monte Allegro. Ella trabaja para él.
