
– Yo… -Charlotte se detuvo y entonces le miró los labios. Era incapaz de mentir, pero tampoco podía decir la verdad.
El sonrió.
– Yo también.
– No podemos hacer esto -le advirtió ella. -No vamos a hacer nada.
– Oh, sí, claro que sí.
Alec volvió a tirar de ella y la hizo pegarse a él.
– De momento, sólo estamos hablando.
– Pero estamos hablando de besarnos.
– No hay nada malo en ello.
– ¿Tienes una cámara en el bolsillo?
– Eso no es una cámara.
Charlotte cerró los ojos y los apretó con fuerza.
– No me puedo creer que hayas dicho eso.
– Y yo no me puedo creer que te hayas escandalizado -le dijo él, riendo silenciosamente-. Te estás sonrojando.
– Estoy avergonzada porque la broma no ha tenido ninguna gracia.
– Estás avergonzada porque te sientes atraída por mí y, por alguna razón, crees que debes resistirte.
– Claro que debo resistirme.
– ¿Por qué?
– Eres un playboy millonario y hedonista.
– Lo dices como si fuera malo.
– Acabarás con mi buen nombre.
– ¿Por besarte en privado? Me halaga que pienses que tengo tanto poder -Alec respiró hondo y la miró fijamente-. Charlotte, bésame, no me beses, pero por lo menos sé sincera. Tu reputación no corre ningún peligro en este momento.
Ella dejó caer los hombros.
– Tienes razón -admitió.
Ambos guardaron silencio unos segundos y entonces, para sorpresa de Alec, ella le puso una mano en el hombro.
– Es sólo curiosidad -le dijo.
Una sonrisa asomó a los labios de Alec.
– Claro.
Ella se puso de puntillas.
– A lo mejor ni me gusta.
– A lo mejor -dijo él, permaneciendo inmóvil.
– ¿Hay muchas mujeres a las que no les gustan tus besos? -le preguntó ella, sonriendo.
– No recuerdo haber tenido ninguna queja, pero estoy seguro de que ninguna se ha tomado tanto tiempo antes de probar.
