– La quiero fuera de aquí -le dijo Lars a su asistente personal.

El empleado hizo una anotación en una libreta y habló por el walkie-talkie.

Charlotte deseó que aquella orden no fuera en serio y fue entonces cuando vio a Jack.

Estaba hablando con el director de fotografía, ajeno al revuelo.

– ¿Ese es tu hermano? -le preguntó Raine.

Charlotte asintió y fue a su encuentro.

– Te pareces a él.

Ella no estaba de acuerdo. Jack era mucho más moreno y serio.

– No, no creo.

– En la nariz, los ojos… -dijo Raine-. El azul intenso de los ojos. Es maravilloso.

Mientras avanzaba hacia él, Charlotte contempló a su hermano como si fuera la primera vez que lo veía. ¿Qué era lo que la gente percibía? ¿Acaso tenían otras cosas en común? Pensamientos, opiniones, emociones…

– Hola, Charlotte -le dijo él con una sonrisa abierta.

– Buenos días, Jack -como siempre, Charlotte sintió que debía hacer algo más. ¿Abrazarle tal vez? ¿Darle un beso en la mejilla? ¿Estrecharle la mano?

El miró alrededor.

– Buen trabajo -le dijo en un tono que parecía sincero.

– Esta es Raine Montcalm -le dijo, presentando a su amiga.

El director de fotografía se vio inmerso en otra conversación y se apartó de ellos.

Jack le estrechó la mano a Raine.

– En nombre de mi familia te doy las gracias por habernos abierto tu casa.

Una punzada de dolor se clavó en el pecho de Charlotte. Era evidente que Jack no la consideraba parte de la familia Hudson.

Ella ya le había expresado su agradecimiento a los Montcalm, pero eso no era suficiente para él.

– Alec Montcalm -la profunda voz de Alec sorprendió a Charlotte.

Se detuvo junto a ella y le estrechó la mano a Jack.

– Jack Hudson. Te doy las gracias en nombre de mi abuela.

Charlotte sintió el roce de los dedos de Alec al final de la espalda.



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