– Entonces parece que le he llevado al límite.

Charlotte necesitaba aclarar las cosas. No podía dejar que aquello se quedara así.

Sin darse cuenta echó a andar hacia la puerta de entrada.

– Parece que sí -dijo Raine, mirándola y yendo tras ella-. Charlotte, ¿hay algo que quieras decirme?

– ¿Como qué? -Charlotte no quería mentirle, pero tampoco quería admitir que se sentía atraída por él.

No quería caer en el cliché, en el estereotipo de la mujer que sucumbía a sus encantos.

– Algo como que se te ha insinuado y le has rechazado. Alec no está acostumbrado a oír esas palabras.

– Supongo que no -dijo Charlotte, riendo.

– ¿Entonces lo hizo? -preguntó Raine, hablando en voz baja.

– ¿Insinuárseme?

Raine le dio un codazo en las costillas.

– ¿Estás evitando la cuestión?

– Ya lo creo.

– Entonces lo hizo -Raine la agarró del brazo y la condujo por el camino hasta llegar a una mesa de hierro pintada de blanco situada junto a una fuente-. ¿Y le dijiste que no? -le preguntó con una mirada picara.

– No exactamente -admitió Charlotte, dejando el bolso a un lado.

Raine abrió los ojos de par en par.

– ¿Le dijiste que sí?

– En realidad, no dije nada.

– Oh, Dios. Vosotros dos…

– ¡No! -Charlotte bajó la voz-. No. No lo hicimos.

– No entiendo.

– Nos besamos -Charlotte se recostó contra el respaldo de la silla-. Nos besamos, ¿de acuerdo?

– ¿Y entonces por qué está tan furioso contigo?

– Supongo que es porque la grúa ha destrozado el camino.

Raine empezó a juguetear con una pequeña hoja que el viento había depositado sobre la mesa.

– Pero Alec no se pone a gritar por un camino destrozado. ¿Y qué es eso de decirle a Jack que le golpee?

– Ahí me has pillado. ¿Alec le ha pegado a alguien que te haya gritado?



43 из 109