
– Nadie me ha gritado nunca. Por lo menos, no delante de él -Raine hizo una pausa-. Y, en realidad, la gente no suele gritarme.
– Eso es porque eres dulce y amable -dijo Charlotte bromeando.
– Empiezo a pensar que es por el hermano que tengo.
Charlotte se echó a reír.
– ¿Tú crees que él los ahuyenta?
– A lo mejor. Pero volvamos al tema del beso. Cuéntamelo todo.
– No hay nada que contar -dijo Charlotte, mintiendo.
– ¿Dónde estabais? ¿Cómo pasó?
– Estábamos en uno de los balcones de las casas en alquiler.
– ¿Y te besó así sin más?
– Pensó que estaba llorando.
Raine frunció el ceño.
– Eso no suena bien.
– En realidad, me estaba riendo -dijo Charlotte, intentando alejar el recuerdo de su mente.
– Pero Alec no da besos por compasión.
– Y tú lo sabes todo sobre sus besos, ¿no?
– He oído alguna cosa que otra.
– Bueno, ahora no vas a oír nada más al respecto -Charlotte suspiró y se puso en pie-. Mejor será que regrese y vaya a ver qué está pasando. Alec tiene razón. Le dije que me ocuparía de todo -agarró el bolso-. Creo que se nos ha acabado la fiesta.
– De eso nada -Raine sacudió la cabeza con malicia-. Definitivamente, voy a hablar con él.
– Oh, no, no lo harás -dijo Charlotte.
– No tienes por qué vigilar cada paso que den -dijo Raine-. Y no voy a dejar que te tenga prisionera en esta casa durante semanas.
– Yo hablaré con él -dijo Charlotte-. Más tarde…
Capítulo 5
El rodaje se alargó hasta las ocho de la tarde y Alec, como no quería contagiar a nadie de su mal humor, pidió que le llevaran la cena al despacho. Prestar su casa como emplazamiento de rodaje había sido una decisión estúpida de la que siempre se arrepentiría, pero ya no había vuelta atrás.
Las cosas no habían salido exactamente como las había planeado, pero no había nada que pudiera hacer al respecto. A primera hora de la mañana saldría para Tokio y se dedicaría por completo a la nueva línea de bicicletas. No podía permitirse ni un fallo más.
