
– ¿Estarás bien? -le preguntó a Charlotte antes de marcharse.
– Sí, claro.
Las sirenas de los bomberos ya se oían en la distancia y los gritos de la gente inundaban el jardín.
Rogando que nadie hubiera sufrido daños, Charlotte se vistió a toda prisa y bajó las escaleras rápidamente a ver si podía ser de ayuda.
El jardín frontal parecía la zona cero de un desastre. Los miembros del equipo corrían a socorrer a los que yacían en el suelo y Alec estaba en medio de todo el alboroto, gritando a sus empleados para que llevaran mantas y botiquines. Con la ayuda de los jardineros, intentaba rociar con agua los gigantescos tráiler y también una pequeña cabaña que estaba próxima al fuego.
Charlotte se paró en seco, sin saber qué hacer, y entonces miró al hombre que estaba más próximo. Tenía la cara cubierta de ceniza y se agarraba el brazo izquierdo, que estaba cubierto de sangre.
– Está herido -le dijo ella, acercándose.
El se miró el brazo.
– Es sólo un corte.
– ¿Algo más? -le ayudó a incorporarse y lo llevó al porche para que se sentara.
– Era el tráiler de efectos especiales -le dijo el herido.
Charlotte le arrancó la manga de la camisa ensangrentada. El hombre tenía un profundo corte en el antebrazo.
– Estaban preparando los efectos pirotécnicos para la escena de la batalla -dijo el hombre, conmocionado.
Charlotte miró hacia el amasijo en llamas. La silueta de Alec se divisaba delante de las llamaradas.
En ese momento llegaron los camiones de bomberos y él les hizo señas para que avanzaran al tiempo que hacía apartarse a la gente.
Los bomberos saltaron del camión y empezaron a conectar las mangueras.
Si alguien se hubiera encontrado dentro del tráiler…
Un miembro del personal de la casa apareció junto a Charlotte y ella aprovechó para quitarle un par de toallas. Humedeció una de ellas, la enroscó cuidadosamente alrededor de la herida del hombre y, con la otra, presionó el corte para cortar la hemorragia.
