
– ¿Le hago daño?
El hombre sacudió la cabeza sin dejar de mirar a los bomberos. Las ambulancias estaban cerca.
Los ATS corrieron hacia un par de personas que estaban tiradas en el suelo y Charlotte no supo si llamarlos para que atendieran al hombre que estaba con ella.
– Puedo esperar-dijo el hombre.
– ¿Seguro? -la toalla se estaba empapando de sangre.
– ¿Charlotte? -era la voz de Raine. La expresión de su rostro era de total perplejidad-. ¿Qué ha ocurrido? Acabamos de volver y…
– ¿Puedes hacer que venga un médico? -le preguntó Charlotte.
Raine reparó en el hombre herido.
– Claro.
Corrió a toda prisa a través del jardín y paró a una mujer uniformada, señalando a Charlotte. La mujer agarró un maletín negro y fue hacia ellos.
– Gracias -le dijo Charlotte.
– Estoy bien -afirmó el hombre herido.
– Vamos a ver como está -le dijo la ATS, retirando la toalla rápidamente.
Abrió el maletín y sacó gasas, desinfectante y esparadrapo.
– Voy a mandarlo a que le den unos puntos.
El hombre asintió con gesto de cansancio.
– ¿Qué ocurrió? -preguntó Raine.
– Un tráiler de efectos especiales saltó por los aires -le dijo Charlotte.
Raine bajó la voz.
– ¿Había alguien dentro?
Charlotte miró a la ATS.
La mujer se encogió de hombros.
– Conseguimos salir -dijo el hombre-. Pudimos… -empezó a parpadear rápidamente y se puso muy pálido.
– Mon Dieu -dijo la ATS, tumbándolo en el suelo y levantándole las piernas-. Se ha desmayado -les dijo y entones habló por su intercomunicador-. ¿Etienne? ¿Puedes traer una camilla?
Entre los chirridos de la radio se oyó una respuesta ininteligible.
– ¿Has visto a Alec? -preguntó Raine.
– Estaba ayudando a los bomberos -Charlotte escudriñó la oscuridad.
