– Creo que estamos a punto de averiguarlo -dijo Raine.

Charlotte se acercó a su amiga en busca de protección. Su corazón latía cada vez más deprisa cuanto más se acercaba él. Tenía las manos sucias y la ropa empapada, cubierta de ceniza y sudor.

– Nadie ha resultado herido grave.

– Lo siento muchísimo -dijo Charlotte.

Alec arrugó la expresión de los ojos.

– ¿Saben qué pasó? -preguntó Raine.

– Parece que fue un fallo eléctrico de los materiales pirotécnicos. Esto los va a retrasar mucho -miró a su alrededor con una expresión desolada. ¿Puedo hablar contigo a solas? -le preguntó a Charlotte.

– No es culpa suya -dijo Raine.

Alec miró a su hermana como si estuviera loca y agarró a Charlotte del brazo, pero entonces recordó que tenía las manos sucias y la soltó rápidamente.

Señaló un rincón aparte en el porche.

– Me siento fatal -empezó a decir ella tan pronto como estuvieron lo bastante lejos-. Debería haber pensado más en la seguridad. Debería haber previsto algo así.

– Tengo que preguntarte… -dijo Alec, deteniéndose y volviéndose hacia ella con gesto de preocupación más que de enfado.

– ¿Qué? -preguntó Charlotte.

– Lo que pasó entre nosotros, hace un rato…

Charlotte se puso tensa y trató de hacerse a la idea de lo que estaba por venir.

– No tienes por qué decir nada, Alec. Lo entiendo. Estoy totalmente de acuerdo contigo.

Lo mejor era seguir adelante como si nada hubiera ocurrido. De hecho, podía considerarse muy afortunada si él le dejaba continuar con la película.

– ¿Estás de acuerdo conmigo? -le preguntó él.

Ella asintió.

– Será nuestro secreto.

Alec se cruzó de brazos.

– Ya hemos hablado de eso.

– Sí -dijo Charlotte, asintiendo-. ¿Y entonces qué queda por hablar?

– Lo que quería preguntarte era… -miró alrededor y entonces se acercó un poco más-. ¿Quieres volver a hacerlo?



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