Charlotte esbozó una media sonrisa y sacudió la cabeza.

Alec agarró el cuchillo y empezó a cortar una cebolla.

– ¿Entonces qué es?

Charlotte vaciló un momento y entonces se decidió a hablar.

– Muy bien… -puso las manos sobre la encimera-. Los Hudson quieren usar tu mansión como emplazamiento para un rodaje -apretó la mandíbula y esperó a oír su reacción.

Alec se quedó perplejo. ¿Acaso era una broma? ¿Se había vuelto loca?

El llevaba años evadiendo a la prensa y lo último que necesitaba era tener a un equipo de rodaje en su casa.

Levantó los pedacitos de cebolla con la hoja del cuchillo y los echó en el aceite caliente.


Charlotte esperaba algo de resistencia. Sabía que Alec no diría que sí de inmediato, así que se preparó para intentar convencerlo.

– Se trata de la película sobre la gran historia de amor de mis abuelos -le dijo, intentando obtener su consentimiento-. Se conocieron en Francia, durante la Primera Guerra Mundial.

Alec guardó silencio.

– Hudson Pictures va a poner todos sus recursos en esta película -añadió Charlotte.

Alec levantó la espátula y removió la cebolla dentro de la sartén.

– Mi abuela era artista de cabaret y se casaron en secreto delante de las mismas narices de los alemanes.

Alec levantó la vista.

– ¿Y eso qué tiene que ver?

– Cece Cassidy va a estar en el proyecto. Seguramente le den un premio por el guión.

– Como si el guionista fuera un problema.

– ¿Es por el dinero? -preguntó Charlotte-. Te recompensarían generosamente por las molestias. Y lo dejarían todo exactamente como lo encontraron. No tendrías que…

– No me apetece que mi casa se convierta en un decorado.

– No necesitarían la casa completa -Charlotte trató de buscar más argumentos a su favor-. Podrías continuar viviendo aquí. Jack me mandó el primer borrador del guión. Necesitarían la cocina, el salón principal, una de las bibliotecas y un par de habitaciones. Oh, y los terrenos de la finca, por supuesto. Y a lo mejor también necesiten el porche de atrás para una de las escenas.



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