El juez Harrison recibió el sobre de manos de la secretaria, extrajo una hoja de papel de su interior y empezó a repasar el fallo. La frente se le llenó de profundas arrugas y entrecerró los ojos mientras se pellizcaba el puente de la nariz.

– Parece que todo está correcto -anunció al cabo de una eternidad.

Ni un solo parpadeo, sonrisa o mirada sorprendida, nada que pudiera indicar lo que había escrito en la hoja de papel.

Miró a su relator, asintió con la cabeza y se aclaró la garganta disfrutando del momento. Las arrugas alrededor de sus ojos se suavizaron, los músculos de la mandíbula se distendieron y los hombros se relajaron un poco, lo que, al menos para Wes, significó una repentina esperanza de que el jurado hubiera sentenciado al demandado.

– Cuestión número uno -leyó el juez Harrison lentamente, en voz alta-: «¿Consideran que, según se desprende de las pruebas, Krane Chemical Corporation contaminó las aguas subterráneas objeto de esta causa?». -Al cabo de una pausa efectista que no duró más de cinco segundos, continuó-: La respuesta es ‹‹Sí».

Una parte de la sala recuperó la respiración mientras que la otra empezó a ponerse azul.

– Cuestión número dos: «¿ Consideran que, según se desprende de las pruebas, dicha contaminación fue la causa directa del fallecimiento o fallecimientos de a) Chad Baker o b) Pete Baker?». Respuesta: «Sí, de ambas».

Mary Grace se las ingenió para sacar varios pañuelos de una caja y pasarlos con la mano mientras no dejaba de escribir con la derecha. Wes dirigió una mirada furtiva al jurado número cuatro, que resultó que estaba mirándolo con una sonrisa divertida que parecía decir: «Ahora viene lo bueno».

– Cuestión número tres: «En cuanto a Chad Baker, ¿ con qué cantidad indemnizan a Jeannette Baker por el fallecimiento de su hijo?». Respuesta: «Quinientos mil dólares».

Los niños muertos no valen mucho, ya que no tienen ingresos, pero la impresionante indemnización por Chad hizo sonar las alarmas pues daba una rápida idea de lo que podía venir a continuación. Wes miró fijamente el reloj que había encima del juez y dio gracias a Dios por haberlos sacado de la quiebra.



10 из 383