
– Cuestión número cuatro: «En cuanto a Pete Baker, ¿con qué cantidad indemnizan a su viuda, Jeannette Baker, por la injusta muerte de su esposo?». Respuesta: «Dos millones y medio de dólares».
El equipo financiero de la primera fila detrás de Jared Kurtin se removió inquieto. Krane podía hacer frente a un contratiempo de tres millones de dólares sin problemas, pero era el efecto dominó lo que de repente los aterrorizó. En cuanto al señor Kurtin, seguía sin inmutarse.
Todavía no.
Jeannette Baker empezó a escurrirse de la silla. Sus abogados la asieron a tiempo para devolverla al asiento, le pasaron el brazo sobre sus frágiles hombros y le hablaron en voz baja y suave. Sollozaba, fuera de control.
La lista contenía seis cuestiones que los abogados habían negociado no sin esfuerzo, y si el jurado respondía afirmativamente a cinco de ellas, todo el mundo enloquecería. El juez Harrison llegó al quinto punto, lo leyó para sí con atención, se aclaró la garganta y estudió la respuesta. En ese momento reveló su vena mezquina con una sonrisa. Levantó la vista unos centímetros por encima de la hoja de papel que sostenía y de las gafas de lectura baratas que se aguantaban en su nariz, y miró fijamente a Wes Payton. Esbozaba una sonrisa tensa, de complicidad, aunque llena de enorme satisfacción.
– Cuestión número cinco: «¿Consideran que, según se desprende de las pruebas, el comportamiento de Krane Chemical Corporation fue intencionado o lo suficientemente negligente como para justificar la imposición de daños punitivos?». Respuesta: «Sí».
Mary Grace dejó de escribir y miró a su marido por encima de los cabeceos de su cliente, que también tenía los ojos clavados en ella. Habían ganado, y solo eso ya era estimulante de por sí, una inyección de euforia casi indescriptible. Pero ¿ qué tipo de victoria habían obtenido? En esas milésimas de segundo cruciales, ambos supieron que sería aplastante.
