Pag. 2: laberinto

Aparte de la vinculación del laberinto con el mito de Ariadna, el héroe de una novela de Herrera (El adiós a la vida) es un joven escritor romántico que, hallándose a las puertas de la muerte, construye en su casa un laberinto de espejos y plantas verdes en el que pretende encerrarse para siempre.


Pag. 3: las largas fiebres

Recordé que, días antes de leer La asesina ilustrada, alguien me había hablado de un relato inédito de Juan Herrera titulado Las largas fiebres. Revisando más tarde sus viejos papeles encontré el manuscrito fechado en 1970. Se trata de un relato autobiográfico en el que Herrera narra una serie de episodios de su vida matrimonial, quizás los episodios más escandalosos (absurdamente silenciados en sus memorias).

Herrera relata en Las largas fiebres lo que fue su vida junto a Elena Villena desde el día en que decidió casarse con ella (Elena tenía quince años, y la encontró abierta de piernas, con la falda levantada, martirizando a un gato, y no supo llamarle la atención porque le pareció que lo hacía de un modo inocente e incluso le excitó el hecho, de manera que esa noche la amó y le prometió que se casaría con ella) hasta el día en que se separaron definitivamente (Elena tuvo la osadía de enamorarse de una mujer, Valérie Duval, y huyó con ella a Londres en medio de un gran escándalo), pasando por el relato de innumerables momentos de su vida conyugal con Elena, momentos que le sirven para analizar despiadadamente, con una insolencia que no reencontraría en sus memorias, el insoportable y diabólico carácter de su mujer y la singular tendencia de ésta a la crueldad más gratuita, al sadismo más violento, su increíble gusto por el mal.


Pag. 5: embriagándose hasta reventar y desplomarse muerta Isabel, la hermana de Herrera, murió en circunstancias muy parecidas a las de la merte de Ariadna en La asesina ilustrada.



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