
– Ya sabéis la historia de cómo Finn envió a su hijo Odran Quinn a servir al gran rey de Tiranog. Odran era muy valiente y leal, de manera que el rey quería que viviera en su reino y lo ayudara a gobernar. Tiranog era un paraíso bajo el mar, donde los árboles estaban repletos de frutas y donde abundaban el vino y la comida. El rey envió a su hija más guapa, la princesa Nevé, a convencer a Odran de que fuera a verlo. Por supuesto, Odran no se enamoró de Nevé, pero decidió acompañarla para conocer Tiranog.
– Así no es -gritó Conor desde la cocina.
– Sí que se enamoró de la princesa Nevé. Ella era muy guapa y tenía una dote de oro y plata -añadió Brendan.
– Bueno, quizá le gustara un poco, pero no se enamoró de ella -replicó Dylan.
– Le dijo a su padre que era la mujer más guapa que había visto en su vida -añadió Brendan.
– ¿Quién está contando la historia, tú o yo?
– Tú -contestó Liam.
– Así que Odran dejó con mucho dolor a su padre y se fue con la princesa Nevé. Atravesaron muchos países y, cuando llegaron al mar, sus caballos cabalgaron por encima de las olas. Luego el mar se separó en dos y Odran Quinn se encontró en un maravilloso reino, lleno de sol, flores y castillos.
– ¿Cuándo viene la parte del gigante? – quiso saber Liam.
Dylan le dio un beso.
– Muy pronto. Cuando iban hacia el castillo del padre de Nevé, se encontraron con una fortaleza. Odran le preguntó a Nevé quién vivía en ella y Nevé le contestó: aquí vive una doncella. Fue capturada por un gigante, que la tiene prisionera, porque no quiere casarse con él. Dylan se detuvo y miró hacia la fortaleza. Entonces vio a la doncella en la ventana de la torre más alta. Le brillaba una lágrima en la mejilla y Odran decidió que debía salvarla.
Esa era la parte que más le gustaba a Dylan, porque cuando la contaba, se imaginaba a su madre sentada en la ventana. La veía con un precioso vestido, nuevo y limpio, y llevaba recogido su pelo oscuro en una trenza. De su cuello, colgaba un collar de esmeraldas, rubíes y zafiros. En realidad, su madre había tenido un colgante así y él recordaba que siempre lo tocaba cuando estaba preocupada.
