legendario, un Sherlock Holmes, un Viancarlos, un Meneses, vaya uno a saber. Estudio interrogatorios, seguimientos, un poco de todo. Porque todo tiene su técnica. No te olvides que en esta profesión la terquedad, la curiosidad, el amor propio, que a mí nunca me faltaron, pagan jugosos dividendos.

Tal vez por la transfusión, por las agitaciones de esa mañana y por el viaje, Almanza entendía a medias y dejaba entrever algún cansancio. Mascardi le preguntó:

– ¿Qué pasa? Te noto, no sé cómo explicarme, apagado, triste. No me digas que la perorata de la patrona te amargó.

– ¿Por qué iba a amargarme?

– Por la entrada prohibida a las mujeres. ¿Te digo lo que pienso? Para gente como vos y yo es una ventaja. La mujer cargosa, que nunca falta, no te molesta. Uno entra en la pensión y está a salvo. Afuera disponemos de la Organización Mascardi.

No quedó otro remedio que preguntar qué era eso. Mascardi explicó que él conocía a unos estudiantes, que tenían un departamento. En La Plata, en los departamentos de estudiantes, vivían hasta cinco o seis. Como regla general, una vez por semana los visitaba una mujer.

– Hay otra regla importante que debes grabar en la memoria. En todo departamento, el que presta la cama se reserva el primer turno.

Mascardi agregó que tampoco faltan mujeres que por la noche se ofrecen desde la vereda, “a grito pelado”. como dicen los estudiantes chilenos.

Mirándolo inexpresivamente Almanza comentó:

– La verdad que te has vuelto mujeriego.

– ¡Basta de hablar! -dijo Mascardi-. Si hablo mucho, como hoy, a esta hora ¡me viene un hambre! Te propongo que festejemos tu llegada con el famoso puchero de un restorancito de acá a la vuelta.



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