Tomó el teléfono y preguntó:

– ¿Quién habla?

Realmente se llevó una sorpresa. La conversación duró poco, pero después, en el cuarto, debió esforzarse para escuchar lo que le decía Mascardi. Éste lo recibió con un comentario burlón.

– ¡Qué tipo importante! Llega a La Plata y ya lo andan buscando por teléfono. ¿Se puede saber quién te llamó?

– Una chica. La conocí esta mañana. Hoy me acompaña a fotografiar.

– Una señorita seria, pero bien dispuesta.

– Una chica de familia. Estaba con su padre y con la propia hermana, que tiene un bebe y una nenita.

Mascardi lo oía con preocupación evidente. Habló luego sin apuro, pronunciando cada palabra por separado.

– El que viene de afuera, ande con ojo. El malandra huele de lejos al que no es de la ciudad. Oíme bien. De un tiempo a esta parte apareció lo que en la repartición llamamos una nueva figura delictiva. Una familia, que en realidad no es más que una junta de sujetos de frondoso prontuario. Entablan relación con el candidato, en este caso mi condiscípulo y amigo Nicolasito Almanza, y todo concluye en una estafa o algo peor. No sé si soy claro.

– ¿Qué me van a sacar? ¿El equipo?

– ¿Te parece poco?

– No lo suelto a dos tirones. Te aseguro que es una familia en serio. Gente de afuera. Como vos y yo. Con una diferencia: vienen de Coronel Brandsen.

VIII

Aunque llegó a la hora fijada, encontró a Julia en la puerta, esperándolo. “La cosa empieza bien”, se dijo. Don Juan le merecía respeto y tenía la mejor opinión de Griselda, pero esa tarde no se hallaba en ánimo de conversaciones. Estaba ansioso por fotografiar.

Caminaron hasta la estación, que fotografió de lejos y de cerca, en conjunto y por partes. Julia se mostró como una señorita diligente, de notable paciencia. Le sirvió de auxiliar y al rato empezó a sugerirle fotografías, siempre con fundamento y mucho tino.



16 из 110