
¿Para qué si él hacía normalmente todos los días cosas que la gente normal no hacía nunca? Se pasaba el día escalando montañas, volando en helicóptero y haciendo rapel. Seguro que el Lago Tahoe no tenía nada que envidiarle a su actividad diaria.
– Pero, esto no puede ser. Sois Leah y tú los que deberíais ir…
– No, de eso nada, nosotros preferimos un sitio mucho más calentito, de ésos donde apenas hay que llevar ropa. El viaje al Lago Tahoe es para ti, por todo lo que has hecho por mí.
Por supuesto, Wyatt se refería a que Logan les había salvado la vida a su futura mujer y a él hacía unos meses, pero Logan no quería que le pagara por ello porque eso era a lo que se dedicaba.
Él era así.
– No necesito irme una semana de vacaciones -insistió Logan apartando a la bailarina-. De hecho, no tengo una semana de vacaciones.
– ¿Pero qué dices? -se rió Pete-. Trabajamos para nosotros mismos, ¿no? ¿Quieres una semana de vacaciones? Pues te la tomas y en paz.
Sí, era cierto. Eran sus propios jefes. Wyatt y él eran los propietarios del helicóptero que utilizaban para los rescates. Además, también lo usaban para otros servicios que les permitían mantenerlo.
Así, Wyatt se lo alquilaba a una emisora de radio local y Logan hacía las veces de taxista para un par de millonarios de la zona.
Sin embargo, lo que más les gustaba a los dos era trabajar de manera voluntaria para el equipo de salvamento aéreo.
– No es tan sencillo -protestó-. Tengo trabajo que hacer y, como tú te vas de luna de miel, yo tendré que estar localizable las veinticuatro horas del día los siete días de la semana por si hay alguna emergencia.
– En eso tienes razón, así que tendrás que esperar a que yo vuelva de mi luna de miel para irte. Pero te vas a ir. Lo necesitas tanto como yo -contestó su amigo mirándolo a los ojos.
