
Conor agarró su cuadernillo y salió de la sala de observación para dirigirse a la del teniente. Quería que le asignaran otro caso inmediatamente. Incluso sería capaz de realizar trabajos de oficina si aquello le libraba de aquella mujer. Conor llamó rápidamente a la puerta y cerró los ojos mientras esperaba una respuesta.
– El teniente ha salido -comentó Rodríguez-. El comisionado va a celebrar una rueda de prensa para hablar de su programa «Policías y Niños. Habló con Danny hace unos minutos. Creo que tu testigo está en la sala.
Conor se dio la vuelta y volvió hacia su mesa, musitando entre dientes. Entonces, se encontró a Danny.
– Aquí estás -le dijo su compañero-. ¿Estás listo para marcharnos?
– El teniente va a tener que encontrar otra persona para este caso. Yo tengo demasiados casos abiertos como para ocuparme de este. Además, el distrito uno debería ocuparse de ese testigo. Es su caso.
– ¿Cómo? ¡No me puedes dejar solo ahora! Necesito que hables con esa mujer. Se llama Olivia Farrell. Los chicos de Red Keenan dispararon contra ella esta tarde y está bastante asustada. No quiere declarar. No sé qué decir para que…
– Déjala que se defienda ella sola en la calle. Si no quiere testificar, no tiene que hacerlo.
– ¿Qué estás diciendo? Tenemos una buena oportunidad de meter a Keenan entre rejas. Además de asesinar y traficar con drogas, ese tipo ha estado volviéndonos locos con sus trapicheos. Deberías querer que desapareciera de la calle.
– Claro que quiero -respondió Conor, resignado-, pero no voy a hablar con esa mujer. Tú eres el responsable, Wright. Eres el encargado de este caso. Tú la preparas y te la llevas a Cape Cod. Yo estaré en el coche de apoyo, vigilándote el trasero.
– Le he dado algo de ropa -dijo Danny-.
